Imagina pedir un coche desde el móvil, subirte y descubrir que el asiento del conductor está vacío.
La conducción autónoma está abriendo nuevas posibilidades para el transporte de pasajeros en España. Los proyectos de robotaxis y autobuses automatizados exploran aplicaciones diferentes, desde los desplazamientos urbanos bajo demanda hasta las conexiones de corta distancia dentro de campus y recintos portuarios.
Más allá de la novedad tecnológica, su interés está en cómo puede incorporarse a la movilidad existente. La gestión de las flotas, la selección de recorridos y la atención a los pasajeros son aspectos tan relevantes como el funcionamiento del propio vehículo.
El nivel 4 de automatización permite que el sistema asuma todas las tareas de conducción dentro de un ámbito de funcionamiento definido, sin depender de que los ocupantes intervengan. Su capacidad está limitada a determinadas condiciones y zonas: no equivale a circular de forma autónoma por cualquier lugar. Esta diferencia lo separa de los asistentes convencionales, que siguen requiriendo la supervisión del conductor.
Madrid concentra varios proyectos orientados al transporte individual. La alianza de Uber, WeRide y AVOMO, división del Grupo Moove Cars, cuenta con 20 vehículos autorizados por la DGT para pruebas. La preparación incluye trabajos de mapeado y validación de rutas, inicialmente con especialistas a bordo.
El reparto de funciones muestra que estos servicios requieren algo más que desarrollar un vehículo autónomo. WeRide aporta la tecnología de conducción; Uber prevé integrar los viajes en su aplicación; y AVOMO se encarga de la operación de la flota. Las compañías sitúan el inicio comercial antes de finalizar 2026, condicionado a completar los requisitos operativos y regulatorios.
A esta iniciativa se suma Waymo, que ha anunciado su llegada a la Comunidad de Madrid con el objetivo de recibir a sus primeros usuarios en 2027. Su despliegue comenzará con conducción manual y continuará con pruebas autónomas supervisadas para adaptar el sistema al entorno local.
El transporte colectivo ofrece otras aplicaciones, especialmente en recorridos definidos. El EZ10 de Alsa en la Universidad Autónoma de Madrid es un ejemplo: un vehículo eléctrico concebido para conectar instalaciones del campus de Cantoblanco mediante un itinerario con paradas establecidas.
En el Puerto de Sevilla, una lanzadera autónoma de CTAG para 12 pasajeros se probó en mayo de 2025 entre los muelles de Nueva York y Delicias. El proyecto buscaba estudiar una conexión interna para los futuros desarrollos del entorno puerto-ciudad.
Zaragoza ha explorado un enfoque diferente con Digizity. Este proyecto incorpora progresivamente funciones automatizadas en un autobús urbano de 12 metros, como la aceleración, el frenado y el guiado. No supone una línea completamente sin conductor, sino una experiencia de integración de tecnología en el transporte colectivo.
La implantación requiere comprobar cómo responden los vehículos en situaciones reales. En España, el programa ES-AV de la DGT establece el marco para autorizar y supervisar los ensayos en vías públicas, con informes periódicos y comunicación de incidentes. Una autorización de pruebas no equivale a disponer de un servicio comercial abierto al público.
Para valorar la aportación de esta tecnología, también será necesario considerar la accesibilidad, la asistencia ante incidencias y la integración con otros medios de transporte. El desarrollo de sistemas capaces de conducir constituye una parte del proceso; convertirlos en servicios útiles exige prestar la misma atención a la organización y a las necesidades de los pasajeros.