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Seguro que más de una vez te has quedado mirando esa pequeña flecha en el salpicadero que te pide meter una marcha más larga. A veces parece que el coche tiene prisa por llegar a la sexta, incluso cuando apenas vas a 50 km/h.
¿Debes hacerle caso siempre o es mejor ignorarlo? Vamos a poner las cartas sobre la mesa y a analizar, de forma totalmente objetiva, las luces y las sombras de este sistema.
Si las condiciones son las adecuadas, seguir sus consejos tiene ventajas innegables:
Tu bolsillo lo nota (en el surtidor): Si conduces por una autovía plana o una gran avenida sin desniveles, hacerle caso reduce el consumo. Mantener el motor a bajas revoluciones en situaciones de poca exigencia gasta menos gasolina o diésel.
Una conducción más “zen”: Al llevar marchas largas, el motor gira más despacio. Esto se traduce en menos vibraciones, menos ruido en el habitáculo y un viaje mucho más relajado para ti y tus acompañantes.
Es un buen maestro para novatos: Si hace poco que te sacaste el permiso de conducir, el indicador es una guía fantástica para empezar a cogerle el tacto al coche y evitar esos temidos “acelerones” innecesarios que todos hemos dado al principio.

cambio de marcha 1 - El gran engaño del chivato de las marchas: por qué tu coche te está mintiendo a la cara
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Hacerle caso ciegamente a la flechita tiene sus contrapartidas, y algunas pueden salirte bastante caras:
El truco de los exámenes: Muchos de estos indicadores están calibrados de forma agresiva para que el coche pase las estrictas pruebas de la normativa EURO. En el laboratorio, cambiar cuando dice la luz ayuda a homologar consumos y emisiones bajísimas de cara a la galería. Pero el laboratorio no es la vida real.
Averías lentas y silenciosas: Si siempre vas en marchas muy largas a bajas revoluciones (lo que llamamos llevar el coche “ahogado”), el motor no quema bien el combustible. ¿El resultado a largo plazo? Carbonilla. Las válvulas EGR se atascan y los filtros de partículas (los famosos FAP o DPF de los coches diésel) se saturan porque no alcanzan la temperatura necesaria para limpiarse.
Sufre la transmisión: Cuando el coche te pide subir de marcha, pero tú notas que al hacerlo el motor tiembla o le cuesta empujar, estás castigando el volante bimasa (una pieza clave y muy cara del embrague) y los soportes del motor. Esas vibraciones son fatales para la mecánica.
Cero contexto de la carretera: Tu coche sabe a qué revoluciones va, pero no ve por la ventana. No sabe si estás a punto de iniciar un adelantamiento, si viene un repecho o si necesitas freno motor en una bajada pronunciada. Si le haces caso en el momento equivocado, te quedas sin capacidad de reacción.

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Entonces, ¿Quién tiene razón? La respuesta es que ambos. El indicador de cambio de marcha es una herramienta fantástica para llanear, mantener velocidades de crucero y rascar unos litros de ahorro a final de mes.
Sin embargo, tu sentido común, tus ojos y el sonido de tu motor siempre deben tener la última palabra. Si necesitas fuerza, si la carretera se empina o si notas que el coche vibra por ir muy bajo de vueltas, olvídate de la flecha. A veces, gastar un poquito más de combustible hoy te ahorrará una dolorosa visita al taller mañana.

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