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El anticongelante o líquido refrigerante es uno de esos elementos del coche a los que solemos hacer poco caso hasta que surge un problema. La realidad es que es un aliado silencioso y absolutamente vital para la salud del motor.

La función principal de este fluido es circular por el motor para absorber el calor y mantenerlo trabajando a una temperatura estable y segura, evitando tanto el temido sobrecalentamiento en verano como la congelación del circuito en invierno. Pero su trabajo no se queda ahí: gracias a sus compuestos químicos y aditivos, actúa como un escudo que protege los componentes internos frente a la corrosión y el óxido, evita la formación de cal y lubrica piezas fundamentales como la bomba de agua, el radiador y el termostato.

Por que el agua del radiador se pone cafe 4 1152x1536.jpg.fd6d4014aa5c41806ce4f21986d5ea82 - El escudo líquido de tu coche

A diferencia de lo que muchos conductores creen, el anticongelante caduca y pierde sus propiedades protectoras con el paso del tiempo, incluso si el coche apenas se mueve. Cuando los aditivos anticorrosivos se agotan, el líquido se vuelve ácido y deja de proteger el interior del motor. Ignorar esto es una amenaza silenciosa que puede derivar en averías que superan fácilmente los 1.000 euros de reparación en el taller.

Los principales problemas a los que te enfrentas son:

  • Sobrecalentamiento severo y daños internos: Es la consecuencia más destructiva. Si el sistema no refrigera bien y el motor trabaja por encima de su temperatura límite, los materiales se deforman. Esto puede terminar en una costosa reparación de la junta de culata o en daños al sistema de distribución.
  • Corrosión y taponamientos: El líquido degradado comienza a generar óxidos y sedimentos. Esta suciedad obstruye los conductos y el radiador, dificultando la circulación y corroyendo las juntas y componentes metálicos.
  • Rotura de la bomba de agua: Si el líquido pierde su capacidad de lubricación y acumula impurezas, la bomba de agua sufrirá un desgaste acelerado y fallará.
  • Congelación y grietas: En plena ola de frío, un anticongelante caducado no soportará las bajas temperaturas. Si el líquido se congela, se expande, lo que puede provocar que el bloque del motor se agriete o que los manguitos revienten.
  • Fugas constantes: El deterioro prolongado se come las juntas y las gomas, dejando partes al descubierto que acaban provocando pérdidas de líquido y averías en todo el circuito.

Aunque siempre debes tener en cuenta el manual de tu vehículo, como norma general los expertos recomiendan realizar un vaciado y cambio completo cada 2 a 5 años, o entre los 40.000 y 100.000 kilómetros.

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Para detectar si a tu coche le urge un cambio, basta con abrir el capó (siempre con el motor frío) y echar un vistazo al vaso de expansión. Si el líquido ha perdido su color brillante (verde, rosa, azul, etc.) y se ve turbio, de color marrón o detectas restos de óxido flotando, es señal de que está totalmente degradado. Un olor fuerte a quemado o bajadas frecuentes en el nivel del depósito también son síntomas claros de que algo va mal en el sistema.

Tres consejos de oro para no cometer errores:

  1. Nunca uses agua del grifo: A menos que sea una emergencia puntual para no quedarte tirado, el agua se congela, no soporta las altas temperaturas y oxida el motor desde dentro.
  2. No mezcles colores ni tipos: Existen anticongelantes orgánicos, inorgánicos e híbridos. Mezclarlos puede provocar reacciones químicas indeseadas que anulen su protección y taponen el circuito.
  3. Respeta las especificaciones: El color solo ayuda a identificarlos, no determina su calidad. Asegúrate de consultar el manual de tu coche o el tapón del radiador para comprar exactamente el tipo que exige el fabricante de tu motor

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