Las autoridades chinas de ciudades como Hangzhou han empezado a desplegar algo que marca un antes y un después en la seguridad vial: robots humanoides equipados con Inteligencia Artificial para dirigir el tráfico. Seguramente te estarás preguntando cómo funciona esto y, sobre todo, cómo afecta a los conductores y peatones.
Se llaman “Hangxing No. 1” y están diseñados para parecerse a nosotros, no son dispositivos ocultos. Llevan chaleco reflectante, mueven los brazos para dar el alto o indicar que avances, y giran el torso para controlar todo el cruce, dentro de su cabeza metálica hay una Inteligencia Artificial conectada en tiempo real con la base de datos de la policía y la red de semáforos de la ciudad.
Estos robots no se cansan, no pestañean y, lo más importante, no atienden a razones. Estos robots tienen una capacidad de detección visual muy superior a la nuestra. Si un coche se salta un semáforo o un peatón cruza indebidamente, el sistema lo capta inmediatamente.
El proceso es totalmente automático:
1. Detección: El robot identifica la infracción.
2. Registro: Toma fotos y vídeos como prueba.
3. Tramitación: Sube los datos a la base policial al instante.
Además, interactúan con el entorno. Tienen altavoces integrados para echarte la bronca in situ.

La razón principal para implantar esta tecnología es la eficiencia y la salud laboral. Los turnos de control de tráfico en China suelen ser largos y bajo condiciones climáticas muy duras. La idea es que las máquinas asuman estas tareas repetitivas y físicas, permitiendo que los agentes humanos se dediquen a labores de mayor valor o gestión de emergencias complejas. Ya no se trata solo de vigilar, sino de gestionar el espacio público de forma autónoma. Habrá que ver cómo evoluciona la convivencia entre conductores humanos y agentes robóticos en los próximos años y cuanto tardará en llegar a Europa.
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